Debo aligerar la quietud
de mis manos sobre tu vientre.
Selva blanca, verde cielo,
cubriendo de nubes
la salvedad del fuego.
Suave y congelada brisa.
Mis manos buscando encontrar el aire
que te envuelve y te da vida,
aún cuando el alba duerme
y me despeja de nuevas risas.
Juventud de un otoño nacido.
Amigo del sol,
amante del río.
Sobriedad de espejos caídos
donde llueve luz en mi lecho de frío.
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