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viernes, 16 de agosto de 2024

 Déjame vivir mi propia historia.

Déjame sembrar mi propio trigo

sin que sepa que es trigo

lo que siembro.

Déjame sorprenderme con el alba

y a no temer a la oscuridad.

Déjame crecer libre

sin sistemas,

sin reglas, sin rencores,

sin recuerdos

y sin olvidos.

Déjame ser

sacerdote de mi propia soledad.

 Vivo en un burbuja en el tiempo,

...o en futuro

comprometido a no olvidarte.

Soy eternidad en tu recuerdo

y vida en mi presente de amor

y flores silvestres

a la espera de nuevas lluvias

que refresquen este cielo de tempestad.

 Como dos hojas calcadas al azar,

como la lluvia tenue de una primavera que se va.

Como la brisa de manos poetas,

y como el llanto de un niño al nacer.

Como la magia ardiente del bello sol,

y como mi trueno en tu esplendor.

Es la vida.

Es mi vida.

Nuestra vida.

Y la por venir

en tu nombre y en el mío,

como respuesta al nuevo amor.

 No te reconozco en tu mirada,

ni en tu piel cansada

ni en tus pasos de lana.

No te miro con mi risa de esfinge,

ni busco temblar en tu despertar.

No me callo cuando debo callar.

Y eso

me hace vulnerable a tu juicio escrito

que me hace poeta

en lugar de persona

y hombre

para que puedas amar.

 Soy como un sacrificio

ofrecido al azar.

Envejecido por los años

de adulterio y sobriedad ajena.

Embebido en muecas de esperanzas

y falsos arreglos y tratados

entre mi Dios de la Fantasía

y el Demonio de mi Realidad.

Soy como el callado ruego

que suplica silencio del lado ajeno

para no sucumbir en la cobardía,

en el remedio del venero,

y en la ciencia de la magia

para no temblar.

Soy como pardo espejo

que avecina los destellos

de mil sueltas palomas

que se suicidan al amar.

Soy como el viejo vuelo

de un olvidado por sí mismo gorrión.

Soy como su ciego esmero

por sobrevivir a la fantasía de mi realidad

 Quiero vivir un poco más.

O al menos morir sin darme cuenta

o sin sufrir ni ver sufrir.

Quiero desprenderme como la lluvia

de las nubes,

soltarme y dejarme caer.

Y dormirme en el camino

sin pensar

si voy a volver a despertar.

 Sería imposible dejar de escribir

cuando un torrente de palabras se agolpan

y se desbordan por mis manos.

 Hay una especie de silencio en ti

que no puedo descifrar...

una especie de aurora que quisiera pintar.

Una pureza de sentidos, caracolas y perfumes...

a los que me quiero acostumbrar.

Hay en ti una tibieza de días por vivir

que quisiera compartir.

...Pero la mañana

me recuerda que con el día

los sueños pierden realidad

y me conformo sólo con respirar

lo que me queda de aire

cuando tú no estás.

 Es maduro aceptarlo.

No sé si es valiente, tonto,

estúpido, o "inaceptable".

Sólo sé que la inmensa mayoría

persigue algo inexistente,

una esperanza tan misteriosa como irreal.

Cuando miro los ojos de mi perra,

veo la conjunción de tejidos, células,

sangre, partículas,

lo efímero manifiesto en una chizpa

de existencia.

Cuando presencio la muerte en los seres

que alguna vez estuvieron vivos

me doy cuenta de que tan estúpido

y sin sentido es todo esto.

A veces,

creo que soy un plagio de mi propia realidad,

y me suicido impacible

procurando vivir más allá de mis sentidos

como una entidad real

cuando en verdad

no soy nada.


 La vida no tiene ningún sentido.

Qué sentido puede tener

una vida que termina con la muerte?

No hay verdadera felicidad,

así como tampoco verdadera paz.

Sólo son esperanzas de que algo mejor

pueda ser o suceder.

La realidad es una inmensa escenografía

montada en el seno de nuestra mente.

La muerte no conduce a nada.

La muerte es el final de esta conflictiva vida.

La muerte nos consume a todos.

No hay un más allá, un cielo, un infierno,

un despertar.

Cuando morimos cesan nuestras funciones vitales,

mueren nuestros sentidos,

y nuestra conexión con la realidad.

No hay vida después de la muerte.

En realidad no hay nada.

 No se asombren de lo superficial.

Lo superficial es sólo un espejo.

Un reflejo, un espejismo que protege

la verdadera realidad.

Una ilusión que hay que dilucidar.

Asómbrense de lo profundo,

que lo profundo

no lleva a ninguna parte;

es sólo una maniobra de distracción,

un filosofar hacia la nada

para crear lo que no existe

y conducirnos al vacío,

a un vacío lleno de mentiras.

  Traducir a palabras lo que sentimos no es difícil, es efímero. Es como pintar las nubes con fuerte viento. Como querer separar las aguas ...