Traducir a palabras lo que sentimos
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sábado, 21 de septiembre de 2024
domingo, 15 de septiembre de 2024
martes, 3 de septiembre de 2024
LO QUE YA NO ES
Hemos vivido momentos de nuestra historia como caídas y redenciones, una legítima leyenda que describe, de forma pasada y a la vez anticipada, todo lo que hemos vivido y lo que viviremos. Nuestra historia no comienza con el "eslabón perdido", ni con la aparición del Homo sapiens, el Homo faber, o cuantos pudieron haber surgido de este experimento genético llamado humano.
No es tan misterioso el origen del ser humano como lo es el conocimiento que posee y al cual se dirige como meta evolutiva.
Lo que sí deben saber, personas que podéis haber encarnado de diferentes modos y maneras, es que lo que alguna vez fueron YA NO SON, que la energía que os dio inicio en lo que añoráis y sentís dentro de vosotros YA NO EXISTE.
Nos trasladamos (comparativamente) a través del tiempo y el espacio, dejando atrás historias sobre dioses, divinidades, semidioses, bestias, demonios, y una infinidad de entidades que en su momento tuvieron mucho que ver con nosotros. Mas ahora, que nos hemos alejado de su "páramo", todo aquello pierde fuerza, poder, significación.
Los cuatro elementos de la magia se vuelven sustancias comunes que, bajo el estudio de la ciencia moderna, aparecen como patrañas y delirios de un demente.
SIENTO DECIRLES, SEÑORAS, que deben dejar sus "escobas", "sus grandes ollas", sus "viejos amuletos" (ya sin poder), sus "evocaciones e invocaciones". Estamos a años luz de toda esa energía, y debemos adaptarnos para subsistir.
SIENTO DECIRLES, SEÑORES, que ya no hay dioses ni demonios, cielo o infierno.
Sólo hay un universo por entender, del cual aprender. Hoy, el cálculo y la lógica reemplazan completamente toda creencia en lo oculto, lo mágico, lo divino o lo satánico.
Hoy Drácula se ríe de los crucifijos, y va periódicamente a su odontólogo para adaptar su dentadura a las épocas actuales. Las brujas andan en 4x4 o motocicletas. Los grandes brujos son políticos o mega empresarios. Las religiones tienen un tiempo de caducidad.
AHORA LA "VERDAD" NO SÓLO PUEDE SER LO QUE CADA UNO PIENSA QUE PUEDE SER, SINO TAMBIÉN TODO LO QUE SOMOS INCAPACES DE IMAGINAR QUE PUEDA SER.
Estamos a las puertas de un mega cataclismo que puede terminar con toda la especie humana en este sistema. Aunque ya muchos saben que nuestra actual civilización es una pequeña porción de humanidad rezagada en el tiempo.
Una vez un viejo discípulo me preguntó:
"Entonces, ¿qué nos toca hacer, pensar, decir... ahora?"
"NADA. Estamos sumidos en un sueño de consciencia donde el despertar está a miles de millones de eones de eternidad de nuestro propio despertar. Lo único que podemos hacer es seguir soñando. Soñar con un mundo real. TOTAL... quienes saben... SABEN QUE NADA ES REAL."
Duerme,
y sueña con lo que es real.
Es un sueño divino
donde seres irreales te darán amor,
alimentarán tu inventado cuerpo
y aplaudirán tu sonrisa humana.
Duerme.
Al nacer,
verás un mundo que no querrás ver,
pero es parte del proceso
de entender, saber y despertar.
Sueña.
La mañana dibuja sonrisas
donde lejanas sombras conjugan preguntas
y antiguos ciegos guían la fe.
lunes, 2 de septiembre de 2024
VIAJEROS DEL TIEMPO - REENCARNACIÓN DESDE EL FUTURO.
Muchos de vosotros no seguid el ciclo de reencarnación lineal, es decir, una vida anterior que va desde el pasado hacia adelante
sino que vuestras almas siguen un avance a la inversa. Procedéis del futuro. En vuestras vidas anteriores estuvisteis quizás
500 años en el futuro, y habéis retrocedido en el curso del tiempo hasta esta época para implantar ideas innovadoras y
conocimientos avanzados en la sociedad, para dinamitar viejos prejuicios y renovar los esquemas actuales.
Eres cálida como la primavera
que olvidó despertar en mí.Tan frutal como el verano,
tan fugaz como la luna.
Tan quieta y partida de tiempo
como el ocaso.
Sin mis pasos, no sé llegar a ti,
pero aún sin ti,
no sé hacia dónde orientar mis pasos.
Como la primera vez,
hoy sé sonreír a través de tu sonrisa,
y escalar tu piel
como el refugio de mi cuerpo.
Primavera al fin,
como despertar de flores
y últimas nieves.
Sabes que a ti te hablo,
por eso este beso en silencio.
e inundarme de luces.
Si tan sólo, al cubrirme
con lo que ven en lo que muestras,
pudiera hundirme, en parte, en tus aguas.
Tocar la piel de tus cielos,
respirar el estrellado suelo,
acariciar la luna con mi aliento.
Si el poder se hiciera posible
tan sólo con desearlo,
creerlo... imaginarlo...
si ello lo hiciera posible...
Entonces,
dejaría de navegar por mis silencios,
creando palabras que versan cuentos,
dejaría de mirar figuras que creo inventar,
dejaría de ser un instante de quietud
donde dormir sin deseos de amanecer.
Tan sólo si pudiera
hacer que la realidad
deje de ser realidad.
viernes, 30 de agosto de 2024
Caigo en la tentación de lo ilusorio.
Pero tan pronto como me veo seducido, me doy cuenta del engaño.Entonces la mentira me da la espalda, diciéndose a sí misma:
"Este no nos sirve, HAGAMOS AL HOMBRE A NUESTRA IMAGEN Y SEMEJANZA".
Y si del libro de las palabras cayera,
no sería yo un segundo silencio,
confundido con un respiro
que se eleva y vuela libre,
cargando sobre su momento
la campestre tarde de la primavera.
Y si los viejos sueños
afloraran en vientres que no son míos,
en arrullos de cuencos que crean la danza
y llueven esquirlas donde hubo miedo,
¿no sería suficiente
con mirar hacia arriba
sin caer de espaldas?
No. Creo que no.
¿Qué hace un niño de papel en mis palabras?
Tal vez venga a dibujar un guiño en mis sonrisas,a provocar un sueño donde no haya alba;
o tal vez, simplemente,
a vivir la vida que no he podido vivir.
Lo curvo de mis sensaciones,
la emoción redimida de la lágrima caída,
del perdón asistido,
de la marchita flor buscando su cielo.
Y de repente, nada,
como al principio.
Pero ahora ya no hay tiempo por delante,
sólo un atrás que empuja hacia donde no vamos.
Un atrás pesado que nos arrastra
donde otros momentos murieron callados,
por no respirar a tiempo,
cuando muchos desearon seguir viviendo.
sábado, 24 de agosto de 2024
DORMIDA EN TU PIEL
Como cansada,
como dormida en tu piel de verano,
sedienta de espera y brillo en tus ojos.
Navegando el momento,
soslayando el instante
de poder abrazarte.
No atrevido cuerpo,
hablo de palabras,
de silencios y acentos,
de apresurado latido
por respirar tu sueño.
De repente, todo se enciende.
Ilumina avenidas y calles,
y desde mi demorada noche
te abrigo de juegos,
sonrisas y miedos.
Te abrigo templada
en cenicienta espera.
En un paisaje como este, muchos miran los árboles, las luces, colores, el reflejo de agua, piensan, sienten....
Otras personas pueden sentir también los sonidos....los olores....los movimientos.
Otras, aún, pueden ver debajo del agua, detrás de los árboles, el cielo, los ojos del observador. ....
Y muy pocas, contadas....No sólo ven...Sino que pueden entrar y estar en el paisaje.
¿Y si buscara un trozo de cielo
en medio de la tormenta?
¿No serías tú,
pequeña estrella,
quien disipara mi espejo,
donde verme
sin estar ni reconocerme?
Como un arlequín
que, presuroso en su paso
y con risa justificada,
me sonriera y yo
... sonriera.
Mi paso por tu imagen,
mi tiempo hecho estela
donde todo termina en silencio,
vacío,... final.
Mas si volviera a buscarte,
¿no te encontraría?
Todo termina en las palabras
que nunca pronuncias
y que ya ni espero.
Y si de la luna hablara,
¿no serías tú
quien, de tantos silencios,
te convertirías en luna?
No creas que no te escucho,
que no te veo,
que no te siento.
¿Cuánto más soportarás
seguir una sombra
que no te nombra?
Igual voy dejando huellas,
pues a mi paso,
mis propios pasos
se vuelven palabras.
Palabras que solo quien oyó
mi débil voz surgir de la niebla
sabe del trueno de mi garganta
cuando siembra silencios.
No te inquietes.
No te voy a abandonar.
Yo te escucho.
Te dejé donde te hallé,
pues creo que allí perteneces.
No te herí al deshojar tus labios,
ni te hice llorar
cuando pronuncié tu nombre.
Poeta de versos viejos,
cantando al eco de su silencio,
como trémulo trino
que se adormece en mis frías manos.
Caminando por un suelo
que solo yo veo,
me dirijo tranquilo
a mi propio inicio.
Perdón
por haberte enamorado.
Creo que el mensaje que no fue anotado
es aquel que guardé en mi viejo saco.
¿Qué triste otoño deshojará mis versos
de tu cuaderno de lilas rosas?
Sueños logrados, sueños perdidos.
Como el laberinto que tejió mi labios
buscando tu risa,
buscando tu calma.
Los que no me vean
dirán que he muerto.
Los que me hayan visto
dirán que he vuelto.
Pero solo tú,
apretando mi garganta,
oirás mi débil suspiro
sobre tu boca de sal.
LOS CUENTOS DE VALERIA
Autor: A. José María Pintos
Fecha: Agosto 2014
Registro de la propiedad intelectual: ISBN 964-950-7304-57-0
Cuando conocí a Valeria, estaba cursando el último año de diseño en el Instituto Almirante Brown. Su pequeño rostro redondeado y regordete, coronado por una larga cabellera siempre recogida, captó mi atención cuando la vi en una tienda de sombreros, probándose uno tras otro, sonriendo y moviéndose con gracia.
Al salir y al verme con los ojos exageradamente abiertos, tal vez algo sorprendido, volvió a sonreír y dijo:
—¡Juan! ¡Me estabas espiando! Me encanta probarme sombreros. Nunca los compro, solo me gusta probarlos.
Se quedó frente a mí, mirándome, sonriendo y abrazando un par de cuadernos y un libro contra su pecho. Comenzamos a caminar sin decir nada. Yo todavía no salía de mi asombro por verla de ese modo y en aquella situación. Ella caminaba a mi lado, callada pero tranquila, jugando a dar pasos que tocaban graciosamente el piso. No me atreví a preguntarle nada, solo iba a su lado. Una cuadra, dos, varias.
Finalmente, se detuvo y, mirándome a través de sus pequeños ojos verdes, frunció la nariz y dijo:
—Aquí doblo yo. Mi casa está a un par de cuadras y otras tantas por allí. Nos vemos mañana, ¿sí?
—Claro —respondí.
Tendí mi mano como para saludarla, pero ella, poniéndose en puntas de pie, besó mi rostro susurrando:
—Hasta mañana.
Así conocí a Valeria, sin imaginar que ese día se convertiría en el inicio de una historia que terminaría por escribir.
Era jueves. Desperté enredado entre las sábanas y con la luz del sol colándose en mi habitación. Mi madre había apagado la alarma de mi teléfono y corrido las cortinas de la ventana. Tengo 22 años, soy el segundo de tres hijos que conforman, junto a mi madre y a mi padre, una familia de personas ocupadas.
En realidad, no tan ocupadas. Javier, mi hermano menor, con sus 17 años no piensa en otra cosa que en chicas, paseos y salidas nocturnas, mientras que Facundo, de 26, ya ostenta un título y posee un auto que es nuestra envidia, pues lo cuida como a sus libros. Facundo, veterinario; yo, diseñador gráfico aún estudiando; y Javier, todavía indeciso sobre su futuro, somos la descendencia de una pareja chilena que se asentó en este territorio en los ’80. Papá, abogado; mamá, escritora, siempre soñaron con tener una finca por estos lados, criar caballos, algún que otro animal, y, por supuesto, niños.
Pero sus ocupaciones fueron absorbiendo su tiempo, relegando sus deseos para una época de sus vidas que tal vez nunca llegaría. Sin embargo, su satisfacción y felicidad eran evidentes e innegables. Aunque a veces sospecho que mamá, ya con 48 años, todavía suele preguntarse qué hubiera sido de no conocer a Pedro, mi padre. Pero como toda mujer educada por una familia robusta y trabajadora, siempre supo tener los pies sobre la tierra, la mente en sus metas, y el corazón en su familia.
El sonido de su máquina de escribir nos acompañó gran parte de nuestra infancia, hasta que en uno de sus cumpleaños, papá le obsequió una computadora. Pero nunca se deshizo de su vieja máquina; la guardó, y hasta creo que aún funciona. Sé que muchas noches la coloca sobre la mesa de su escritorio y la observa largo rato, buscando en ella la inspiración que una era digital no le da.
Me traslado al Instituto en transporte público. Es interesante, porque a pesar de que siempre ves las mismas caras, de vez en cuando aparece alguien nuevo y el día cambia de colores. No tengo muchos amigos; más allá de los grupos que se forman para realizar trabajos guiados, investigaciones y exposiciones, no me llama la atención reunirme por ocio. Y a pesar de que he salido con muchas chicas, enamorado de una que otra, y planeado en secreto fugarme de casa, nunca puse demasiado interés en formalizar algo, pues siempre creí que una familia se forma y se mantiene no solo con amor, sino con una posición económica estable y libre de preocupaciones financieras.
Por eso, al conocer a Valeria, como a tantas otras que han cursado estos años conmigo, solo vi en ella una compañera de trabajo. Pero esa tarde fue distinto. No es que me haya fijado en ella como mujer, sino más bien que me llamó la atención su repentino acercamiento y confianza hacia mí. Bueno, tal vez siempre haya sido así, solo que yo nunca lo había notado. Es como dicen: "Hay un tiempo para todo."
Pero es verdad que, aparte de ridículamente graciosos, esos sombreros se veían bonitos en su pequeña cabeza. Su gracia al moverse, su demostrativa simpatía, su siempre predispuesta sonrisa, y los detalles de su arreglo personal hicieron que no pudiera cerrar la boca por un instante. Hasta recuerdo haber dejado de respirar. Valeria. Su nombre en mis labios cosquillea como una pequeña descarga eléctrica. Mirando el reloj, calculo mentalmente el reencuentro. Como si fuera una cita, mi piel se eriza y mi corazón late con más fuerza, previendo que volveré a quedarme sin aire al verla.
Pero pasan las horas y no la encuentro. No asiste a clase esa tarde. Siento que pierdo una jugada. Y temo porque la próxima tal vez nunca se dé. El día transcurre sin novedad. Llegada la noche, no dejo de pensar en quien debería haber encontrado. La cena se hace silenciosa para mí, pero nadie pregunta; todos están demasiado ocupados con sus cosas como para entrever en mi rostro alguna preocupación.
La noche se hace larga y mi sueño, intermitente. Caigo en la cuenta de que mi agenda telefónica no contiene su número, y me asalta una inquietud. "Debí pedirle su número de teléfono, su email, su red. Pero... ¿qué hubiera pensado ella?" Tampoco debo apresurarme. Esta sensación, esta emoción ya la he sentido antes. Supongo que de no volverla a ver, la olvidaré como a tantas otras que fueron momentos de paso. Pero nada me convence de dejar de pensar en ella.
Cuando la alarma del teléfono sonó, yo ya estaba despierto. Hoy viernes entro a las 10:30. Tenemos que presentar trabajos. Siento curiosidad por ver qué presenta ella. La imagino llegar, sonreír, hablar, y volver a sonreír. Sonrío sin darme cuenta.
Al llegar al curso, hay mucho revuelo. Algunas personas corren. En una esquina, Juliana se seca las lágrimas. No entiendo nada. Pregunto qué ocurre. El encargado del sector me informa que Valeria se había suicidado el día anterior.
Me asalta la confusión. Todo se agolpa en los últimos minutos que estuvimos juntos. Su beso en puntas de pie. Su mano apoyándose en mi saco, en mi bolsillo. ¡Mi bolsillo! Noto algo en él. Reviso presuroso. Una pequeña libreta de notas con algo escrito en la tapa. Decía: Los cuentos de Valeria.
Se me inundan los ojos apretando la libreta. Hasta que por fin me controlo y la abro, y para mi sorpresa, noto que está vacía, que en su interior no hay nada escrito. En silencio, lloro. Valeria. Tal vez necesitaste un poco más de tiempo para conversar y hablar conmigo. Un tiempo que no supe darte. Y tal vez, de haberlo hecho, todo hubiera sido distinto.
Traducir a palabras lo que sentimos no es difícil, es efímero. Es como pintar las nubes con fuerte viento. Como querer separar las aguas ...
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Tengo un sonido escondido entre silencios de versos de demencia aprendida. Tengo una espera partida de ser parte de algo más que un simple...
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Me muestro tal cual soy, y aún así no me ven.

